41. El fin de la seguridad.
El silencio en la habitación era ensordecedor, la tensión palpable como una cuerda a punto de romperse. Rita no decía nada, pero podía ver el torbellino de emociones en sus ojos, la confusión, el miedo y la incertidumbre. No era fácil para ella, lo sabía. Yo era un hombre lobo, un alfa de la manada, y ella, aunque decidida a estar conmigo, no comprendía completamente el alcance de lo que significaba ser parte de mi mundo.
Natan había salido, pero sus palabras aún resonaban en mis oídos, como un