39. Entre sombras y promesas rotas.
La mañana pasó en un parpadeo, pero para mí parecía que había transcurrido una eternidad. Rita se había dormido en mis brazos, su respiración tranquila, pero yo no podía dejar de pensar. La manada, Natan, todo lo que había dejado atrás… La idea de tener que regresar a esa vida, a esa lucha constante por el poder, me hacía sentirme más dividido que nunca. La pasión y el deseo que había compartido con Rita no podían borrar la realidad de lo que era, de lo que debía ser, si quería seguir siendo el