29. El camino oscuro.
Las horas se alargaron en la quietud de la casa, y aunque el cuerpo descansaba, la mente no dejaba de atormentarme. Los pensamientos sobre Natan, la manada, el futuro de Rita y el mío propio, se mezclaban en un caos dentro de mí. Cada vez que cerraba los ojos, veía su rostro, el de mi hermano, el de mi enemigo, un hombre que no dudaba en destruir todo lo que tocaba por poder. Y entonces, la imagen de Rita aparecía, interponiéndose entre las sombras de mis pensamientos. Su mirada, su calma, me d