Al terminar de hablar con Lucca, siguieron en la fiesta, pero Bastien secuestró a Kate.
— ¿Dónde vamos?
— A descansar, te ves cansada — Kate sonrió y se apoyó en su hombro mirando la ciudad.
El rugido suave del motor acompañaba el silencio cómplice que compartían. Bastien conducía con una sola mano, la otra entrelazada con la de Kate, acariciando su dorso con el pulgar. Ella lo miraba de reojo, aún con el rubor de la noche en las mejillas.
—No estamos yendo a casa… —susurró ella, con una sonris