LUCIEN MORETTI
Bajé las escaleras con pasos lentos, el peso de la decisión colgando en mis hombros como una cadena invisible. Había pasado días hermosos en esta casa. Días en los que no era un mafioso. No era un Moretti. Solo era Lucien… el hombre que amaba a Adeline.
Pero la llamada de Paolo seguía repitiéndose en mi mente.
“Las cosas se están poniendo feas, Lucien. No podemos contener esto mucho tiempo más. Necesitamos que regreses.”
Respiré hondo al llegar al Despacho de tío Bastien, él esta