Te cuidaré siempre.
JOSH MEDICCI
La sala aún olía a pólvora y sangre cuando me di cuenta de que el hombro me ardía como si tuviera un hierro al rojo incrustado. No era la primera vez que me disparaban, pero el sonido ahogado de Marie al verme la manga empapada me dolió más que la bala.
—Tranquila, mi pequeña tormenta —le dije, intentando que mi voz sonara despreocupada—. No moriré… es solo un rasguño.
—¡Un rasguño! —me gritó con los ojos vidriosos—. ¡Estás sangrando como si te hubieran abierto en dos!
Sonreí. No p