Entré al despacho con el corazón temblando.
Papá estaba ahí, leyendo algo en su Laptop, pero me miró en cuanto abrí la puerta.
Y supo.
Él siempre sabe.
Cerré la puerta tras de mí.
Respiré hondo.
—Papá… quiero hablar contigo.
—¿Sobre Lucien?
Asentí.
Me senté frente a él. No podía quedarme de pie. Me temblaban las manos. El pecho.
—Me pidió que me fuera con él a Italia —dije sin rodeos.
Vi cómo su mandíbula se tensó.
Pero no dijo nada.
—Y quiero ir —continué—. No por impulso. No por locura. Porqu