SILVANO DE SANTIS
Caminaba por el pasillo principal con las manos en los bolsillos y una sonrisa tan amplia que hasta el guardia de seguridad me preguntó si me habían subido el sueldo.
—Mucho mejor que eso —murmuré sin detenerme.
Había esperado este momento. Pacientemente. Desde aquella reunión con Bastien de Filippi, quien será mi suegro en poco tiempo, reunión en la que Lucien se burló de mis nervios y le dijo a un ya muy enojado Bastien que me había enamorado de Addy primero y que había rec