LUCIEN MORETTI
Después de hablar con Addy, estaba feliz, quería hablar con tío Bastien para asegurarle que cuidaría a Addy con mi vida, caminé al despacho, iba a hablar con él.
Con tío Bastien.
De hombre a hombre.
De yerno casi oficial a suegro con armas letales y emocionales.
Caminé por el pasillo con el corazón bombeando en el cuello.
Respira, Lucien, me repetía.
Addy venía detrás de mí, en silencio, con una sonrisa dulce.
—¿Seguro que quieres hacerlo ahora? —susurró.
—Sí —respondí con firmez