Bastien se cambió de ropa y salió a paso firme al calabozo donde sabía que tenían a Dianna, en la puerta estaba Lucca que corrió donde él, los ojos de Bastien estaban inyectados en sangre –
¿Como esta la señorita?.
Mejor, tengo cuentas que arreglar. – Bastien abrió la puerta y ahí estaba Dianna, su vestido roto, las manos amarradas a la espalda, la tenían sobre un potro, uno de sus hombre la follaba duro por su entrepierna y el otro la tenía de la boca, entrando en ella con furia, corriéndose