SILVANO DE SANTIS
La oscuridad era densa.
Silenciosa.
Como si el mundo se hubiera apagado por completo.
Por un instante pensé que estaba muerto.
Hasta que el dolor me habló.
Un ardor en el costado. Un pulso molesto en el brazo.
Y un cosquilleo… suave… cálido… entre mis dedos.
Mi cuerpo no podía moverse del todo, pero mis sentidos empezaban a despertar.
Y lo primero que sentí fue ella.
Su aroma.
Su mano entrelazada con la mía.
Abrí los ojos con dificultad. La luz me obligó a parpadear varias vec