Cuidando a mi esposa.
A la mañana siguiente Kate despertaba en una cama fría y solitaria, a su lado estaba la camisa de Bastien con su olor y una nota.
Princesa tuve que ir a la ciudad, cuídate, te deje desayuno, no comas tanto chocolate, te amo… - Kate sonrió y abrazó su camisa, a pesar de querer odiarlo y alejarse, cada día lo necesitaba más, se levantó, pero se sintió débil, le picaba la garganta y empezó a dolerle la cabeza.
Mmm tengo gripe – fue a la cocina y en la mesita estaba el desayuno cubierto con un mant