Diablo
—Eres toda zorra, ¿no? Mira cómo te meneas sobre mi polla… —dije yo, la voz en un susurro ronco cerca de su oído.
Ella gimió, levantó más el trasero, echó el cabello hacia atrás en un movimiento tan natural como respirar. No tenía vergüenza. No tenía pudor. Ella sabía lo que estaba haciendo. Sabía el efecto que causaba.
Agarre con las dos manos. Metí con fuerza. Ritmado. Estallando. El sonido de nuestros cuerpos chocando era música sucia en ese baño, pero era la música más honesta que ja