Luna
Acostada de lado, abrazada a la almohada, intentaba no hacer ruido. El llanto llegaba seco, atrapado en la garganta, del tipo que quema el pecho pero uno lo traga igual.
Mi habitación estaba oscura, solo con la luz del celular encendida en la estantería. Hacía horas que él no enviaba ningún mensaje. Ni una coma. Ni un emoji. Nada.
Y como quien siente, Tatiana apareció.
Una notificación parpadeó en la pantalla: TATIANA: "Arrégla, zorra. Paso por ahí en 30. Hoy vamos a salir."
Me quedé miran