Luna
Después de ese sexo escondido y salvaje, todavía tenía las piernas medio temblorosas, pero conseguí elegir el bikini. Cogí uno rojo bien pequeño, que apenas cubría el trasero, solo para provocar. Él estaba apoyado en la pared de la habitación, camisa abierta, cadena en el cuello y esa mirada que me desnudaba por completo.
—¿Vas a salir así? —preguntó él.
—¿Algún problema? —respondí.
Él pasó la lengua por los dientes y movió la cabeza, riendo suavemente. Cogió la camisa, se abrochó dos boto