Luna
Me desperté asustada por el llanto de Jade. Era un llanto diferente, desesperado, como si nada pudiera calmarla. Mi corazón se aceleró, y por un segundo me quedé paralizada — no sabía qué hacer. Antes incluso de que me levantara, Rodrigo ya apareció en la habitación, medio somnoliento, pero con la mirada atenta. Tomó a la pequeña con todo cuidado, balanceándola despacio.
—Tranquila, princesa, tranquila, papá está aquí —murmuraba bajito.
El sonido de su voz pareció calmar un poco a la bebé