Luna
Llegué a casa y ya vi la luz de la cocina encendida, cortando la oscuridad de la madrugada. Siempre era así. Margarita no dormía hasta que yo volviera, aunque fingiera que no le importaban mis horarios, aunque refunfuñara que "esta muchacha me va a matar del corazón".
Abrí la puerta despacio, el rechinido de la bisagra denunciando mi llegada. Me quité la sandalia blanca que ya estaba toda negra de la calle, del polvo del asfalto, de la vida pesada. Fui directo al fregadero a lavarme las ma