Estoy tomando un jugo de naranja mientras observo cómo Martín se mueve de un lugar a otro para irse a la empresa. Anoche, cuando llegó, él pensó que seguía enojada, pero intenté verme lo más tranquila posible.
—Amor, ya me tengo que ir. Si gustas, almorzamos hoy para que no te sientas sola en casa —qué idiota.
—Nos vamos hablando, ve tranquilo —Martín deja un casto beso en mis labios y luego se va.
Estoy corriendo directo a la empresa de Salvatore Roldán. Me sentía algo nerviosa, sin embargo, es