Nunca había sentido tanto miedo de entrar a mi propia casa, y más porque no sabía con lo que me podía encontrar.
-¿Martín? – camino lentamente por toda la entrada de la casa hasta que un ruido proveniente de la sala llama mi atención, me asomo y justo ahí lo veo viendo a la chimenea con un vaso de whisky en la mano -Martín.
-Te lo he dado todo, Lisa. Te di mi corazón, te di riquezas y así me pagas – veo sobre la mesa unas fotos de Salvatore y mías cuando íbamos al cementerio.
-Martín, no es lo q