Dejé caer el teléfono y caí de rodillas en el frío suelo, mirando hacia la nada, esperando que la tierra me tragara lentamente. Mi hermano... Mi única familia, mi héroe... Me dejó sola. Lágrimas de dolor se acumularon en mis ojos hasta que salieron por sí solas, y un grito desgarrador llamó la atención de todos los comensales. Por unos instantes, olvidé todo lo que me rodeaba, el mundo se cerró para mí, todo se vino abajo.
- Antonio... No, Antonio - sollozaba.
- ¡Lisa! - Martín llegó corriendo y