El coche avanzaba por las calles de la ciudad, y Chiara sentía que cada semáforo y cada esquina la acercaban a un mundo que había olvidado: un mundo libre, donde podía caminar sin miedo y sonreír sin culpa. Miraba la vida cotidiana pasar por la ventana, los niños jugando, las parejas tomadas de la mano, las risas de la gente resonando como una melodía que parecía venir de otra época. Por un instante, se permitió pensar que, tal vez, aún podía sentirse parte de ese mundo.
Adriano notó su silenci