—No sé lo que sucede, no quiero volverte a ver, Adalberto, ya no quiero que seamos amigos, me das miedo —dijo Martina a su amigo.
Chiara despertó con esa última visión: ya no quiero ser tu amiga. Eso fue lo que más le trajo dolor de cabeza en ese momento. ¿Qué había sido? Tenía que hablarlo con el terapeuta. Se levantó de la cama, miró que su esposo se encontraba acostado todavía, respirando tranquilo. Había mantenido en secreto el gemelo, sentía que ese gemelo pertenecía a alguien y que Martina se lo había callado.
¿Cómo lo había obtenido?, eso pensaba.
—Buenos días, Chiara, amore mio —habló Adriano desde la cama—. ¿Qué sucede?, ¿te encuentras bien?
Él se levantó y abrazó a la chica. Chiara guardó de manera rápida el gemelo en su joyero y volteó a ver a su esposo.
—Fue solo un mal sueño, he tenido muchos, demasiados desde que inicié lo de las regresiones, hasta siento mucha angustia —le dijo mientras se acurrucaba en el pecho del hombre—. Olvidemos eso, mejor dime, ¿cómo se encuentra