Casi regresaban a casa.
El mar calmado parecía despedirlos con nostalgia, y la brisa salada arrastraba consigo los últimos vestigios de un viaje que había sido mucho más que una escapada. En el regazo del yate que los llevaba de vuelta a la mansión, Chiara miraba el horizonte con expresión distante. En sus manos, el diario de Martina, abierto por la mitad, parecía pesar más que cualquier maleta.
No había avanzado mucho en la lectura. Algunas páginas marcadas con notas y garabatos, otras escrita