La noche había caído sobre la isla con una delicadeza casi poética. La luna llena se asomaba entre las nubes, lanzando su reflejo plateado sobre las olas tranquilas. El sonido del mar golpeando suavemente la orilla acompañaba la sinfonía de grillos y hojas agitadas por la brisa. Todo parecía diseñado para que la noche hablara con otros lenguajes: los del deseo, los silencios compartidos y las verdades que no se dicen en voz alta.
Chiara caminaba descalza por el balcón de la habitación, una bata