La mañana siguiente a la discusión en el taller no trajo la luz que Antonia esperaba. La mansión amaneció sumido en una penumbra artificial que parecía reflejar el estado de su alma. Antonia se despertó sobresaltada en la mecedora de la habitación de Leo, con el cuello rígido y la sensación de que algo vital se había roto durante la noche.
Corrió hacia la habitación principal. La cama estaba perfectamente tendida, las sábanas frías, como si nadie se hubiera acostado en ellas. En el taller, la s