El sol apenas había comenzado a calentar el valle cuando los primeros autos aparecieron en el camino de tierra.
Antonia los vio desde la ventana de la cabaña. Una hilera de vehículos negros avanzaba entre los árboles, levantando nubes de polvo que se elevaban hacia el cielo como señales de humo. Contó uno, dos, tres, cuatro. Demasiados. Detrás de ella, sintió el peso de la mirada de Noah, el calor de su cuerpo cuando se puso a su lado.
—Vienen diecisiete hombres —dijo Elena, entrando sin golpea