La casa de piedra en medio del bosque se había convertido en un refugio.
Antonia despertó con la luz del sol filtrándose entre las cortinas de lino, el calor de la mañana entrando por la ventana abierta. A su lado, Noah seguía durmiendo con la respiración profunda, las vendas limpias, los moretones comenzando a desvanecerse. Elena había dicho que el brazo sanaba bien, que las costillas estaban en su lugar, que el golpe en la cabeza no había dejado secuelas. Pero Antonia no podía apartar la vist