Alejandro despertó con la sensación de haber dormido por primera vez en años. No había sueños, no había sobresaltos, no había esa angustia que solía apretarle el pecho antes de abrir los ojos. Solo el silencio de la madrugada, la luz gris que se filtraba por las cortinas, y la respiración profunda de Clara a su lado. Se quedó inmóvil un momento, escuchando el rumor del viento afuera, el canto lejano de un pájaro, el crujido de la madera que se contraía con el frío. Todo sonaba distinto. Como si