CAPÍTULO 223: LA MUJER QUE NO BUSCABA
Los días siguientes, Clara se convirtió en una presencia constante pero discreta en la mansión. Llegaba temprano, cuando el sol apenas comenzaba a calentar los vidrios de las ventanas y la niebla se disipaba sobre el lago, y se instalaba en el jardín con sus planos y sus libretas. Llevaba ropa sencilla, pantalones de lona y camisas holgadas, el cabello recogido en una trenza que le caía sobre el hombro. Sus movimientos eran precisos, como si cada gesto hubiera sido ensayado, pero no había rigide