Los autos negros se detuvieron frente a la reja de la mansión como una hilera de bestias agazapadas. Noah los contó: tres. Su mente, entrenada en los años de la Red, evaluó las opciones en fracciones de segundo. Las puertas se abrieron al mismo tiempo, y los hombres bajaron con la precisión de quienes han ensayado ese movimiento cientos de veces. Vestían ropa oscura, sin distintivos, y las armas que llevaban en las manos no eran de juguete. Noah sintió que el corazón le latía con más fuerza, pe