Los días pasaron y Noah siguió mejorando, pero no de manera lineal. Hubo mañanas en que bajaba al desayuno con los ojos claros y la voz firme, y otras en que no lograba salir de la cama. El psicólogo Martín le había explicado que la recuperación no era una línea recta, sino un camino lleno de baches. Antonia lo entendía, pero eso no hacía que los baches dolieran menos. Cada recaída era un recordatorio de que la sombra de Valeria seguía ahí, aunque ella estuviera presa. Y cada vez que Noah se en