La mansión Montenegro se alzaba al final del camino como un mausoleo de mármol gris bajo el cielo encapotado. La nieve caía en copos lentos y espesos, pegándose a los vidrios de los autos y cubriendo los jazmines del jardín con una capa blanca que parecía amortajarlos. Antonia sintió que el corazón le latía con una fuerza que casi la ahogaba mientras el auto de Noah se detenía frente a la reja. No había vuelta atrás. Las pruebas estaban en el maletín de Caleb, los mensajes encriptados, las tran