La pantalla de la pared se iluminó con un resplandor azulado que bañó los rostros de los presentes, acentuando las sombras bajo sus ojos y la tensión en sus mandíbulas. Antonia apretó el botón del proyector con dedos que no temblaban. No podía permitirse temblar. A su lado, Noah permanecía inmóvil, con los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada fija en la pantalla, como un centinela que espera el momento exacto para actuar. El zumbido del proyector era el único sonido en la sala, un ruido m