La cocina estaba sumida en una penumbra que solo la luz de la pantalla de la computadora lograba atravesar. Las imágenes de la cámara seguían reproduciéndose en un bucle silencioso, pero Antonia ya no las miraba. Tenía los ojos fijos en Noah, esperando su reacción, esperando las palabras que iban a cambiar todo.
Noah no decía nada. Estaba de pie frente a la mesa, con los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada perdida en algún punto de la pared, como si buscara una respuesta en las grietas d