La idea había estado rondando la cabeza de Antonia desde la noche del llanto. No podía seguir así, dependiendo de lo que Camila mostrara en las videollamadas, de lo que Alejandro creyera ver o dejar de ver. Necesitaba sus propios ojos. Necesitaba una prueba que nadie pudiera refutar. Algo que rompiera el muro de perfección que Camila había construido a su alrededor como una segunda piel.
La cámara era pequeña, del tamaño de un botón, y Noah la había usado años atrás en una misión de la Red. Ant