La espera se había vuelto insoportable. Antonia se había mordido las uñas hasta hacerse daño. Había ido a la ventana tres veces, como si mirar el bosque pudiera acelerar el llamado. Había revisado la señal del teléfono, aunque sabía que la conexión era estable. Algo iba a pasar. Lo sabía. Lo sentía en los huesos.
Cuando por fin la conexión se estableció, la imagen que apareció no era la que esperaba. No era la cuna con Tobías durmiendo plácidamente, no era Alejandro con su sonrisa cansada salud