La mañana amaneció con un sol frío que se filtraba por las rendijas de las cortinas, dibujando líneas doradas en el suelo de madera. Antonia despertó en el sillón, con el cuello torcido y la conciencia de que había dormido más de lo que pretendía. Noah ya no estaba a su lado. Nael tampoco. Por un segundo, el pánico le heló la sangre, pero entonces sintió el olor a café y escuchó la risa de Leo provenir de la cocina. Se incorporó con cuidado, estirando los brazos por encima de la cabeza, y sus p