El camino hacia el muelle era una línea irregular trazada sobre la nieve virgen. Antonia caminaba con paso errático, envuelta en un abrigo que le quedaba grande, sintiendo que cada ráfaga de viento le recordaba la fragilidad de su propia existencia. A lo lejos, la cabaña de madera se alzaba como un faro solitario frente al lago oscuro. No había luces encendidas, solo el resplandor plateado de la luna reflejándose en el agua inquieta.
Al llegar a la puerta, Antonia dudó. Su mano permaneció suspe