45. Es imposible
Clara
Cierro la puerta de la oficina de Maximiliano a mis espaldas y me apoyo contra la madera dura durante un breve segundo, dejando salir el aire que tenía retenido en los pulmones.
Me tiemblan las piernas de una manera vergonzosa. Siento los músculos de la espalda completamente rígidos; la quemadura de ayer me late con un escozor sordo, pero ese dolor físico no es nada comparado con el frío helado que me recorre las venas.
La nota de mi padre quema dentro del bolsillo de mi uniforme como s