21. No puedo protegerlo
Clara
El alma se me cae a los pies. Me quedo mirando a Lucas y luego a Maximiliano. El orgullo es una llama que intenta mantenerse encendida en mi pecho, pero la imagen de Matti tiritando detrás de mí la apaga de golpe.
—Yo… lo siento —trago saliva, bajando la cabeza. Siento que cada palabra me desgarra el gargante—. Me disculpo. Por favor… que el doctor lo vea. Soy capaz de todo por Matti. Por favor.
Lucas me mira con una expresión de reproche dirigida más a Maximiliano que a mí, y entra en la