133. No prometo nada
Maximiliano
La mandíbula me duele por la fuerza con la que estoy apretando los dientes. Siento los fogonazos de los flashes grabados en las retinas, pero el verdadero incendio lo tengo por dentro, quemándome las venas a una velocidad destructiva. Caminar por este vestíbulo de mármol pulido y lámparas de cristal colosales se siente como avanzar directo hacia un pelotón de fusilamiento, con la sutil diferencia de que soy yo quien tiene ganas de apretar el gatillo.
Saber que toda mi maldita vida h