118. Confío en ti
Maximiliano
—Puedo encargarme personalmente de que Ricardo Soler desaparezca de la faz de la tierra para siempre —digo, y mi voz suena extrañamente calmada, con una fijeza oscura que me quema la garganta.
La miro fijamente, acortando los dos últimos pasos que nos separan en el estudio. Siento que el calor de mi propio cuerpo empieza a rodearla, deteniéndome justo frente a ella sin llegar a tocarla.
—Puedo hacer que jamás vuelva a poner un pie cerca de ti ni de Matías —continúo, inclinándome su