10. ¡No la he tocado!
Maximiliano
El sonido es seco, un golpe sordo que resuena en el mármol de la oficina como el impacto de un saco de huesos. Me toma un segundo procesarlo. Un segundo en el que mis ojos se despegan del informe de auditoría para encontrar el vacío donde antes estaba ella. Clara Soler está tendida en el suelo, su cuerpo menudo desparramado cerca de la puerta como una marioneta a la que le han cortado los hilos de golpe.
—¿Soler? —mi voz sale más áspera de lo que pretendo.
No hay respuesta. Sus mano