11. Me porto bien... lo juro
Clara
El olor a humedad del sótano se siente más pesado que nunca, o quizás es solo que mi cuerpo, al borde del colapso, finalmente ha reconocido que este lugar no es un hogar, sino una tumba de cemento. Camino por el pasillo de servicio arrastrando los pies, sintiendo que cada paso es una victoria contra la gravedad. Mi cabeza sigue dando vueltas; el recuerdo de la oficina de Maximiliano, de su mirada de asco mientras yo estaba tirada en su alfombra como un trapo sucio, me quema más que la ane