Un año después.
La mansión Strauss estaba completamente decorada con globos blancos, dorados y azules. Había flores frescas por todas partes, mesas llenas de comida, música suave sonando en el jardín y un enorme pastel en el centro con un pequeño número uno en la parte superior.
El otoño había vuelto a Nueva York.
Y esta vez, Alexandra lo sentía distinto.
Más cálido.
Más hogar.
— ¡No dejes que se coma las decoraciones otra vez! — gritó Alexandra entre risas desde el jardín.
Gabriel volteó inmed