—Señor, no puede entrar sin registrarse.
La voz del personal de seguridad sonó firme en el pasillo, pero apenas terminó la frase, la puerta de la habitación se abrió de golpe. El sonido seco hizo que Alexandra se estremeciera y que Gabriel levantara la mirada de inmediato, el cuerpo tensándose como un resorte a punto de saltar.
—Puede quedarse —dijo Gabriel sin apartar los ojos del recién llegado.
Su tono no dejaba espacio a discusión. Había tomado la decisión horas atrás: nadie volvería a acer