El calor seco de México me envolvió apenas descendí del avión, pero esta vez no me desconcertó. Había caminado por esta misma pista antes, insegura, cuestionándome si realmente estaba preparada para enfrentar este mundo. Ahora, mis pasos resonaban con confianza, los tacones golpeando el asfalto como un recordatorio de cuánto había cambiado desde entonces.
A mi lado, Alonzo caminaba con esa actitud relajada que parecía irritarme más que tranquilizarme. Su mirada recorría el horizonte, pero sabía