La villa en las afueras de Lyon estaba envuelta en un aire de expectativa. A pesar de la aparente calma del paisaje, donde los árboles se mecían suavemente bajo el viento y el sol brillaba con una intensidad dorada, yo sentía un peso constante en el pecho. La boda estaba a días de distancia, y cada momento parecía una cuenta regresiva hacia lo inevitable.
Alonzo estaba sentado en una de las terrazas, mirando el horizonte con una expresión pensativa. Era una rareza verlo así, lejos del control a