El viaje de regreso al refugio fue silencioso, pero no incómodo. Cada uno estaba inmerso en sus pensamientos, procesando la información que Gabriel había compartido. Yo repasaba mentalmente las rutas y nombres que habíamos visto, tratando de anticipar los próximos movimientos de los Cuervos y los polacos. Alonzo, sentado junto a mí, mantenía su mirada fija en la ventana, aunque su postura delataba la tensión en su cuerpo.
Cuando llegamos, las luces del refugio brillaban tenuemente en la distanc