El jet privado aterrizó en suelo francés al amanecer, rodeado por una neblina que parecía reflejar la incertidumbre que todos llevábamos encima. Alexey Volkova, mi padre, había convocado una reunión de emergencia en una villa discreta en las afueras de Lyon, lejos de las miradas curiosas y del alcance de nuestros enemigos.
El ambiente en la villa era tenso desde el momento en que llegamos. Los miembros más cercanos de la Bratva ya estaban allí, junto con representantes de otras facciones menore